San Antonio de los Portugueses


Reconstrucción virtual de la mayor de las siete ermitas que, en tiempos de Felipe IV, adornaban el Parque del Retiro.
La Ermita de San Antonio de los Portugueses (luego conocida como San Antonio de los Alemanes) no era una simple capilla, sino el edificio más grande y lujoso de todo el complejo de ermitas del Buen Retiro. Ahora la reconstruimos en 3D

La ermita
 Fue construida entre 1635 y 1637 por el arquitecto Alonso de Carbonell. Se llamó "de los Portugueses" porque fue financiada por la comunidad portuguesa residente en Madrid (entonces bajo la corona española) como un gesto de lealtad al rey Felipe IV. Sin embargo, tras la independencia de Portugal en 1640, el nombre se cambió a San Antonio de los Alemanes. 

Era la ermita más alejada del palacio. Se encontraba en la zona sureste de los jardines, por encima de los olivares de la Basílica de Atocha y a continuación del Campo Grande, una amplia zona menos ajardinada que el resto del parque que se usaba para la caza menor.

 El edificio estaba dedicado al culto de San Antonio de Padua aunque servía principalmente como pabellón de recreo para banquetes, meriendas y espectáculos cortesanos.  Se trataba de la ermita de mayor tamaño del parque y la más monumental y de mayor mérito paisajístico, ya que se emplazaba en una isleta formada por un canal polilobulado que la rodeaba.

Estaba construido en ladrillo rojo con una fachada decorada por cuatro columnas de mármol blanco con basas y capiteles negros que sostenían un pórtico donde se emplazaba una escultura de San Antonio de alabastro. No se conservan demasiados datos sobre cómo podría ser su interior, aunque se sabe que Luca Giordano pintó murales al fresco en 1699 y que existían dos altares dedicados a Santa Isabel y a San Gonzalo, con grandes retablos de jaspe.

Estaba coronado por un chapitel que sirvió de modelo para la posterior Ermita de la Virgen del Puerto de Pedro de Ribera. Tras la ermita, y dentro de la isleta, se levantaba una edificación en  forma de "U" con torreones en sus esquinas que se encontraba ajardinada y que estaba adornada con árboles frutales.

Se trataba del escenario perfecto para los grandes banquetes que se celebraban en el conjunto. El edificio contaba con espacios preparados para servir banquetes y colaciones (meriendas de dulces y chocolate) tras las funciones religiosas. También servía como refugio fresco durante los calurosos veranos de Madrid, donde la corte se retiraba a comer tras pasear por los jardines.

"Ayer lunes un portugués hizo fiesta á las damas y á la reina en la ermita de los Portugueses, y las dió de merendar. Hubo su poco de comedia y entremés con baile i como era fiesta, dicen fue todo breve y muy salado". 

El Canal: caminando sobre aguas del siglo XVII

El antiguo canal que conectaba el Estanque Grande del Retiro con la ermita se denominaba Canal de Mallo o Ría Grande. Discurría aproximadamente por lo que hoy es el Paseo de Coches (Paseo de Fernán Núñez) y llegaba hasta la actual Glorieta del Ángel Caído. Tenía una longitud de algo más de 1 kilómetro y fue diseñado y en 1639 por el arquitecto y maestro mayor de fuentes Cristóbal de Aguilera.


Este canal permitía a la corte de Felipe IV realizar paseos en góndolas y falúas a través de los jardines del palacio del Buen Retiro y culminaba en el conjunto de la Ermita de San Antonio a la que sólo se podía acceder por vía acuática o a través de alguno de los puentes que existían para acceder a ella.


Tras la Guerra de la Independencia y la destrucción de buena parte del parque, el canal cayó en desuso y terminó desapareciendo en las reformas posteriores del siglo XIX, dejando paso a la actual configuración de paseos terrestres.

En cuanto a la ermita, un incendio provocó su reconstrucción en 1734 en tiempos de Felipe V. No obstante, Carlos III decidió derribarla en 1760 para aprovechar su solar y construir en él la famosa fábrica de porcelana del Retiro. Sólo duro su actividad cerca de 50 años ya que, durante la Guerra de la Independencia, las tropas inglesas volaron la fábrica para evitar que los franceses la usaran como fortín. Tras quedar en ruinas, el lugar fue transformado. Hoy, el punto exacto donde estuvo la ermita y su isla es la Glorieta del Ángel Caído.


Así que recuerda que, mientras estés realizando tus compras o paseando en la Feria del Libro madrileña, realmente estás pisando el agua del siglo XVII.