San Antonio de los Portugueses
y, aunque era un templo dedicado al culto de San Antonio de Padua, servía principalmente como pabellón de recreo para banquetes, meriendas y espectáculos cortesanos. Estaba construida en ladrillo rojo con una fachada decorada por cuatro columnas de mármol blanco con basas y capiteles negros. No se conservan demasiado datos sobre cómo podría ser su interior, aunque se sabe que Luca Giordano pintó murales al fresco en 1699.
Tras un incendio que provocó su reconstrucción en 1734, Carlos III decidió derribar la ermita en 1760 para aprovechar su solar y construir la famosa fábrica de porcelana del Retiro. Sólo duro su actividad cerca de 50 años ya que, durante la Guerra de la Independencia, las tropas inglesas volaron la fábrica para evitar que los franceses la usaran como fortín. Tras quedar en ruinas, el lugar fue transformado. Hoy, el punto exacto donde estuvo la ermita y su isla es la Glorieta del Ángel Caído
La plaza de Pedro Zeroloha conocido diferentes denominaciones a lo largo de su historia: plaza de Bilbao (1840-1931), plaza de Ruiz Zorrilla (1931-1939), plaza de Bilbao de nuevo (1940- 1944), y plaza de Vázquez de Mella entre 1944 y 2016. Nació como consecuencia del derribo en 1837 del convento de de los Capuchinos de la Paciencia de Cristo Nuestro Señor. En parte de su solar se construyeron viviendas de personas atraídas por el nuevo espacio, entre las que se encontraba el escritor Ramón de Mesonero Romanos.
Mesonero imagino un bloque de viviendas de cinco plantas, contando las superiores con una terraza corrida que discurría por todo el edificio, tal y como vemos en el cuadro que adornaba su despacho. No obstante, en una primera instancia tuvo que conformarse con un edificio mucho más reducido, con tres plantas, según el proyecto presentado al Ayuntamiento en 1844 y conservado en el Archivo de Villa. Más adelante, en 1861, presentó una solicitud para añadir una planta, reforma que se prolongó 3 años después con la anexión de la casa contigua por la calle de San Bartolomé.
La casa de Mesonero quedó dañada durante la Guerra Civil y fue finalmente derribada a mediados del siglo XX para dar paso a un edificio sin demasiado interés en cuya fachada se recuerda, a través de una inscripción, a su habitante más ilustre.
Conocemos las vicisitudes de la vivienda de Mesonero Romanos gracias a los expedientes de obra conservados en el Archivo de Villa en los que el propio escritor solicitaba al Ayuntamiento de Madrid permiso para realizar las obras pertinentes.
Busto mortuorio del escritor madrileño Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882). Este busto fue realizado, directamente del cadáver, por Niccomede Domenici en el cementerio de San Isidro. Los descendientes del escritor lo colocaron nada más morir en el despacho de la que fue su residencia de la Plaza de Bilbao, cuyos enseres compró el Ayuntamiento de Madrid en 1941. En un momento indeterminado, y para su conservación, le añadieron una urna de cristal en la que colocaban flores en los días señalados, como queda constancia en xilografías y fotografías que aparecieron en la prensa del momento.
Conservado en el Museo de Historia de Madrid.
Desde sus primeras obras a su libro autobiográfico Memorias de un setentón, publicado un año antes de su fallecimiento, reunimos aquí diferentes títulos, cartas y documentos salidos de la mano de Mesonero Romanos, con títulos que incluyen El antiguo Madrid, Panorama matritense o Nuevo manual histórico-topográfico-estadístico y descripción de Madrid.












